sábado, 3 de junio de 2017

Ramón Araújo, el juglar gallego y palmero



Él es no solo un humorista fundador de Anticraisis y el Trío Zapatista, un músico en la línea de Les Luthiers, un practicante de la Comedia del Arte italiana, ese teatro popular provocativo, un compositor, un pensador, un enseñante, un autor de libros, el letrista de la cantante Ima Galguén, el alma de grupos que hablan de las cosas cotidianas sino que, sobre todo, se considera un juglar de los caminos que habla a borbotones. En un reciente viaje a Cuba comprobé el modo en que un humorista atacaba algunos males del sistema, el humor frente a la cerrazón de un régimen. Ramón dice que las dictaduras aguantan mejor el humor que las democracias. Explica que en el mundo árabe existían satíricos en los mercados, así en Bagdad, cuando la dictadura de Sadam Hussein, había un grupo satírico tolerado por el régimen; los reyes tenían sus bufones a los que también se les permitía todo. En cambio, la autoridad democrática está a la defensiva, depende de elecciones, se tiene miedo al error que puede quitar votos. Son 23 años de Anticraisis y el Trío Zapatista, un trabajo que llega a la gente por su intencionalidad. Lo explica: Nosotros trabajamos de una forma subterránea. Yo no soy tanto revolucionario como evolucionario, creo que necesitamos transformarnos en otra cosa. Me gusta pensar que representamos la función original del juglar, que es hacer la crónica. El pueblo es muy sufrido y no cree en ideologías. En La Palma Domingo Acosta Guión fue el Quevedo insular, muy punzante, es una de mis grandes influencias. En las ventas de Mazo la gente se pasaba los papelitos con sus poemas, despertó una vocación en mí. Yo a los 12 años escribí un verso satírico en la venta, mi padre me echó la bronca pues la Guardia Civil estaba vigilante, pero despertó parte de mi vocación. Acosta Guión es un personaje clave en el pensamiento palmero, se comenta que sus versos los leía Blas Pérez González, ministro de la Gobernación con Franco, que llegaban incluso a leerse en el Consejo de Ministros. La gente preguntaba ¿ya escribió Domingo algo nuevo?

Nacido en 1944, se ve a sí mismo como alguien adaptado a un medio que ama, porque su isla es maravillosa, cada municipio es especial, como su vegetación, su paisaje, sus senderos. Lo dice así: Cuando llegamos desde Galicia, yo con seis años, no teníamos casa pero nos acogieron con una hospitalidad tremenda. Estudié Derecho en Santiago, escapando del franquismo viví seis años en la República Dominicana. Luego hice oposiciones a la enseñanza, era algo muy pegado al pueblo, y ejercí como profesor. Ahora creo que la tecnología ha multiplicado la burocracia. Y no puede haber filosofía porque no hay silencio, y no puede haber democracia si se ha perdido el humanismo, ahora somos alienígenas pendientes del guasap, los niños ya no saben escuchar, no saben estar solos sino que sino que solo saben teclear en el móvil. En el análisis sigo siendo marxista, pero en las soluciones soy espiritualista. El pensamiento único no es creativo, los humanos estamos hechos para la libertad. Debemos tener una mentalidad expansiva, así siempre se positiviza la persona, siempre tenemos que aprender, siempre hemos de sumar. Además el éxito depende del trabajo, de ensayar mucho, y encontrar un lenguaje popular, directo, es la clave. Nuestro trabajo ha sido escribir cientos de canciones, hacer mucha carretera, actuando en todos los pueblos, en todas las plazas, en todas las fiestas. El mayor mérito es que he sido muy atrevido. Los Rolling Stones decían que artistas eran Beethoven y Bach, ellos tan solo eran artistas menores. Escribo con mucho atrevimiento, porque es mi forma de ser, es mi carácter; no funciono lógicamente sino rítmicamente. Hay mucha saudade entre los gallegos y los canarios, en Tigalate hay un sitio que se llama La Morriña, un precioso camino que va al cementerio. Somos galaicos-portugueses. Me gusta Pessoa, esa forma melancólica de ver la vida, la tristeza.

Ramón es caminante de las nieblas, de las veredas, las flores y la vegetación; para ser Galicia en la isla solo falta el canto del río. La retranca palmera es muy fuerte, ese estar a la defensiva, a verlas venir. Me explica: Veo el futuro como una cosa rarísima, el futuro suele ridiculizar nuestras teorías. A Dios me lo imagino como un hacker, con un superordenador, que lo controla todo. Pero las cosas están cambiando, ahora sí se nota aquí una tendencia expansiva, hemos estado demasiado tiempo a la defensiva, con una actitud restrictiva. Eso es muy galaico, quejarse de la vida triste, una lamentación, el blues gallego, que digo yo. Yo ahora noto más alegría en Santa Cruz de La Palma, quizá sea por los cruceros, la playa, que es romper una barrera psicológica, pues nos acerca al mar que es nuestro otra vez. De repente la capital parece una ciudad tropical, con ese monte detrás, como si fuera una mezcla de La Habana y las Rías Altas. Esta isla tiene muchísimas cosas, muchísimos mundos, hay un caudal de creación, gente joven, ahí está la Escuela Manolo Blahnik, siempre ha habido gusto para la artesanía, la seda, los bordados, los puros, los quesos. Alguien dijo que la comida de La Palma era espantosa, pero ahora hay restaurantes que ofrecen buena comida, y mucha gente cantando, tocando, haciendo cosas. Tener energía expansiva, hacia fuera, es el secreto. Necesitamos ese espíritu juguetón, festivo, extravagante, un poco friki, al estilo de Jimmy Hendrix; que se revele lo peculiares que somos, necesitamos siempre romper los límites, ser creativos en lo que hagamos. Me gustaría poner un local como en El tambor de hojalata, de Günter Grass, donde los burgueses iban a llorar. Mi nuevo libro, Crónicas del yoga salvaje, está escrito de botepronto pero de mucha maduración; yo hacía un yoga vitalista, como si fuera un arte marcial. En el 72 me casé, y entonces mi vida cambió.

Entre risas transcurre la conversación con un hombre feliz, un hombre adaptado, que además escribe libros sobre diosas blancas, el éxtasis, el autoconocimiento, el pensamiento expansivo, la evolución personal, los años sin miedo. Sus intereses son: divertir sin mosquear, satirizar sin incomodar, hacer pensar sin deprimir, pernoctar sin desvelar, criticar sin molestar, actuar sin parar y dejar flotando en el aire una sonrisa. La energía lúcida, la mirada abierta.

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